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Nuestra esencia.


Le Femme. Artista guayaquileña, Susana Vásquez.

Para Mujeres WOW el empoderamiento femenino no es una consigna de ocasión, una bandera a la que asirse porque sí, porque está de moda. Va más allá de estrategias para garantizar la igualdad de la mujer en los ámbitos familiar y social; pues que este asunto sea más visible no quiere decir en modo alguno que ya esté resuelto. La equidad de género es todavía, en la inmensa mayoría de las sociedades, una tarea pendiente.

El concepto “empoderamiento femenino” es un tema particularmente sensible y hace referencia directa al proceso mediante el cual las mujeres, en un contexto en el que están en desventaja por las barreras estructurales de género, adquieren o refuerzan sus capacidades, estrategias y protagonismo, tanto en el plano individual como colectivo, para alcanzar una vida autónoma en la que puedan participar, en términos de igualdad, en el acceso a los recursos, al reconocimiento y a la toma de decisiones en todas las esferas de la vida personal y social.


No por gusto la Organización de las Naciones Unidas en su conferencia mundial celebrada en Beijing en 1995 consideró el empoderamiento femenino como un objetivo cardinal e imprescindible para lograr el desarrollo y estableció que las mujeres tienen igual derecho a participar en la gestión de los asuntos públicos y políticos.


Conseguir la igualdad de acceso y plena participación en la toma de decisiones, y aumentar la capacidad de las féminas para participar efectivamente en todos los procesos son dos propósitos que toda sociedad debe trazarse y no solo en papeles, leyes o constituciones. Lo más importante es que en la vida cotidiana de cada nación, no se violen consciente o inconscientemente los derechos de las mujeres.


Una mujer que sea capaz de mantenerse y mantener a su familia con el resultado de su trabajo es un ser humano realizado. Desde los trabajos manuales, que pueden ejercerse en la tranquilidad del hogar, hasta profesiones que requieren de un elevado grado de especialización y experticia configuran un amplio espectro de ocupaciones en los que la mujer puede desempeñar —y, de hecho, desempeña en no pocas sociedades— un rol protagónico.

El aporte de las mujeres en ámbitos tan disímiles como la artesanía, la educación, la ciencia, la economía, los negocios privados a pequeña, mediana o gran escala, marcan la diferencia. Y es que el talento y las ganas de emprender iniciativas que permitan desarrollar a una sociedad no son características privativas del sexo masculino.


Las mujeres son perfectamente capaces de criar a los hijos como madres solteras, poner un botón, dirigir un país o viajar al cosmos, es solo cuestión de determinación y actitud, y eso ¡les sobra!



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